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La infancia es una etapa fundamental en el desarrollo del cerebro de los niños y niñas. Desde el embarazo hasta los 3 años de edad, el cerebro alcanza aproximadamente el 80% de su tamaño. El estrés puede afectar especialmente en este periodo, provocando cambios en estructuras que están en desarrollo y son extremadamente sensibles.

El trauma infantil es la consecuencia de la exposición a una situación abrumadora, que el niño o la niña no puede entender o procesar. Puede afectar a corto, medio y largo plazo, contribuyendo al malestar mental o físico de más del 60% de los adultos (American Academy of Pediatrics, 2015). El trauma psicológico temprano interfiere en el desarrollo, provocando un cambio de un cerebro focalizado en aprender, que explora, a un cerebro focalizado en sobrevivir, que no puede relajarse, disfrutar, jugar o aprender (Baita, 2015).

Entre las situaciones que pueden afectar el desarrollo emocional sano de niños y niñas, están las complicaciones durante el embarazo y el parto, la enfermedad física, los problemas familiares, la muerte de un ser querido, los conflictos entre iguales o con adultos, el acoso escolar, el maltrato emocional, físico o sexual, accidentes, catástrofes naturales, etc.

¿Cómo podemos saber que algo ha pasado si el niño o la niña no lo cuenta? Atender el trauma infantil

Algunos de los indicadores a los que debemos prestar atención son:

  • Evitación o rechazo de personas, lugares o actividades que antes frecuentaban.
  • Regresiones, es decir, realizar conductas más infantiles, que ya estaban superadas.
  • Alteración en el desarrollo de actividades que ya dominaban.
  • Problemas de adaptación a contextos habituales o nuevos.
  • Dolores físicos recurrentes sin explicación orgánica.
  • Alteración del estado de ánimo. Explosiones de rabia, tristeza, nuevos miedos.
  • Alteración de la atención y concentración.
  • Alteración del apetito o el sueño.
  • Tics, juegos repetitivos.

Muchas de estas situaciones son inevitables, pero sí podemos actuar para cambiar sus consecuencias. Son muy importantes una detección e intervención tempranas, acompañando al niño o la niña y su entorno en la resolución de los problemas pasados o presentes y el aprendizaje de habilidades que ayudarán en el futuro, asegurando su protección y bienestar durante su infancia, pero también en las siguientes etapas de su desarrollo.

¿Cómo trabajamos en el Instituto Hollingworth? Atender el trauma infantil

Llevando a cabo una evaluación e intervención exhaustivas, adaptadas al momento evolutivo del niño o la niña, su entorno y el problema, mediante la terapia EMDR y Neurofeedback, que han demostrado su eficacia en diversos trastornos.

Referencias:

  1. American Academy of Pediatrics (2015). Las experiencias infantiles adversas y las consecuencias del trauma para toda la vida. Recuperado desde: www.aap.org/traumaguide.
  2. Baita, S. (2015). Rompecabezas: una guía introductoria al trauma y la disociación en la infancia. Sandra Baita.